
Una vez, como Jimena, tuve un sueño el martes que viene y todavía luzco los tatuajes de un pasado bucanero. Busco un encuentro que me ilumine el día y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden. Yo tampoco sabía que la primavera duraba un segundo pero por tu culpa quiero tumbarme al sol cuando llueva. Gracias a ti he sabido que la verdad es sólo un cabo suelto de la mentira y la muerte sólo la suerte con una letra cambiada.
También suelo levantarle la falda a la luna y aunque hoy no me importaría meterme a las siete en la cuna del mar a roncar no pienso pedir pastillas para no soñar porque al final ganará el “quiero” la guerra del “puedo” y el fin del mundo me pillará bailando. Algunas veces vuelo y otras veces me arrastro demasiado a ras de suelo pero si piso cristales serán de Bohemia.
Queremos que tus poesías y tus consejos sigan haciéndonos llorar en el asiento de atrás del coche y que nos den las diez y las once cada 19 días y 500 noches escuchando tu arte. Recordaremos que el agua apaga el fuego y que en historias de dos conviene a veces mentir, que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor y buscaremos nuestro sálvese quién pueda.
Prometo aprender a vivir sobre la línea divisoria y que no me impedirán galopar los ladridos de los perros. Prometo que si en algún paso de cebra la encuentro le diré que le has escrito un blues.
Gracias por cada sílaba y por haber conseguido escribir la canción más hermosa del mundo tantas veces.