
Me gusta ver gente de veinte años correr a una ventana, entrar a clase gritando que está nevando y mirar con deseo la poca nieve que ha cuajado sobre el capó de los coches. Me gusta ver a la gente corretear y saltar para cazar copos al vuelo, siendo niños o no, sin ninguna vergüenza de parecer infantiles pero, todavía me gusta más mirar a las personas que caminan bajo su capucha haciéndose los indiferentes cuando yo sé que en el fondo están tan emocionados como una muñeca pepona de ocho años.
Me gusta que nieve para poder yo también comportarme como un niño que salta en los charcos, hace ángeles de nieve, lanza bolas a todas partes y vuelve a casa empapado pero, el nuevo color blanco de la hierba no debe hacerme olvidar que seré yo la que tenga que secar luego la ropa.
Me he pasado 15 minutos mirando por la ventana esta mañana. Y creo que es uno de las mejores cosas, sensaciones y momentos que he encontrado en diciembre. Levantarme e ir corriendo a la ventana, subir la persiana, mientras digo por lo bajo:
ResponderEliminar"Por favor..."
Y es que la nieve, nos vuelve muñecos pepones a todos = )
En el entrenamiento de esa misma tarde todos parecíamos críos de 10 años, éramos 8 muñecos pepones. Todos se preguntaban que qué pasaba... pero en el fondo sabían la respuesta :)
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